Mayrena era una chica peculiar y que rompía con todos los esquemas establecidos de lo que una mujer, cualquier mujer, debiera ser. A menudo me gustaba hacer referencia a ella como una mujer a la cual le faltaba pene para ser hombre y de haberlo sido seguro que seria gay. Como pocas ella era amante de quien supiera ser un mal hombre y un buen amante, infiel por naturaleza, adicta al sexo como a la cerveza, amiga como pocas y más mujer que muchas, oscura y paradójicamente esa obsesión por la muerte le hacia vivir plena y libre.
Y ahí estaba, como muchas veces a mi lado en una aventura más. Con su mirada entre permisiva y enjuiciante, que lo mismo me decía “que chingona experiencia” y al mismo tiempo y mas como grito me decía un “la vas a cagar”, y es que cuando uno esta enamorado no hay lugar para los pensamientos negativos y es que nadie se casa pensando en el divorcio, en la infidelidad, en los pedos y los pies mal olientes, en el tubo de la pasta apachurrado, en los cabellos en el jabón, en terceras personas y todos por muy prácticos que queramos ser, siempre terminamos pensando en la aventura por comenzar y es que esto de compartir piso era toda una aventura y mas siendo un berrinchudo, que era como usualmente me describía Esteban mi pareja, que a pesar de tener 5 años juntos, ahora era cuando empezaríamos a conocernos en realidad.
Mayrena tenia experiencia en estos menesteres ya que vivía sola y en mas de tres ocasiones había usado el cristal del retrato de bodas para la primera línea, ella se decía a si misma que era una descarada, pero terminaba pensando en el marido y si a el no le importaba ¿por que le habría de importar a ella? Si supiera su esposa, la clase de hijo de puta que es este, seguro que a ella no se la coje como se coje a Mayrena, claro que a ella se la coje mejor, ¿conocerá su esposa lo buen amante que suelen ser? ¿Conocerá el a su esposa? ¿Que harán dos desconocidos compartiendo cama?
Siempre tenia la palabra precisa y la respuesta correcta, solo creo que eran las preguntas menos indicadas para el momento que estaba viviendo, Mayrena me había dejado mil dudas en la cabeza acerca de la persona con la que estaba a punto de despertar todas las mañanas; y tal vez todas las mañanas, siendo optimistas se reduzcan a un año.
Y ahí estaba, como muchas veces a mi lado en una aventura más. Con su mirada entre permisiva y enjuiciante, que lo mismo me decía “que chingona experiencia” y al mismo tiempo y mas como grito me decía un “la vas a cagar”, y es que cuando uno esta enamorado no hay lugar para los pensamientos negativos y es que nadie se casa pensando en el divorcio, en la infidelidad, en los pedos y los pies mal olientes, en el tubo de la pasta apachurrado, en los cabellos en el jabón, en terceras personas y todos por muy prácticos que queramos ser, siempre terminamos pensando en la aventura por comenzar y es que esto de compartir piso era toda una aventura y mas siendo un berrinchudo, que era como usualmente me describía Esteban mi pareja, que a pesar de tener 5 años juntos, ahora era cuando empezaríamos a conocernos en realidad.
Mayrena tenia experiencia en estos menesteres ya que vivía sola y en mas de tres ocasiones había usado el cristal del retrato de bodas para la primera línea, ella se decía a si misma que era una descarada, pero terminaba pensando en el marido y si a el no le importaba ¿por que le habría de importar a ella? Si supiera su esposa, la clase de hijo de puta que es este, seguro que a ella no se la coje como se coje a Mayrena, claro que a ella se la coje mejor, ¿conocerá su esposa lo buen amante que suelen ser? ¿Conocerá el a su esposa? ¿Que harán dos desconocidos compartiendo cama?
Siempre tenia la palabra precisa y la respuesta correcta, solo creo que eran las preguntas menos indicadas para el momento que estaba viviendo, Mayrena me había dejado mil dudas en la cabeza acerca de la persona con la que estaba a punto de despertar todas las mañanas; y tal vez todas las mañanas, siendo optimistas se reduzcan a un año.
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